Viernes, 25 mayo 2012

Se acabó

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Se acabó. Probablemente las dos palabras que más se han repetido en los últimos días en referencia al FC Cartagena. Colorín colorado. Fin. The end. Y lo peor no es que se haya descendido; son las reglas de juego y es algo que puede suceder. No. Lo peor es haberlo hecho como se ha hecho, con la indolencia por bandera y una imagen, sobre todo en las últimas jornadas, digna de vergüenza.

Ahora es el momento de analizar qué ha sucedido, por qué hemos llegado a esto. Y, en mi opinión, el germen de este desastre hay que buscarlo en la temporada 2009-2010, cuando los árboles de una gran campaña no dejaron ver a muchos el bosque de la pésima gestión interna de un club que, lejos de aprovechar la coyuntura para establecer unas bases sólidas y profesionales, se apoltronó en su autosuficiencia. Por supuesto, con el beneplácito de una mayoría extasiada con el presente. Pan para ayer y hambre para hoy, a la vista está.

La 2010-2011 no fue mala por dos motivos: por la inercia que arrastraba el equipo de la temporada anterior y porque seguía Juan Ignacio, un entrenador al que, además de por sus dotes como técnico, habría que valorarle por su trabajo en la sombra, asumiendo funciones que no le correspondían.

Y qué decir de esta temporada. El pararrayos Quirantes ha servido a muchos para escurrir el bulto durante bastante tiempo, pero pienso que el ex director deportivo es el menos culpable de todos. Esto no quiere decir que no haya cometido gravísimos errores en la confección de la plantilla, pero habría que preguntarse quién y por qué le contrató para ese puesto y qué margen de maniobra tenía. Su figura fue como un escudo para las altas esferas del Club. La afición descargaba sus iras contra él mientras que Paco Gómez y cía se libraban de las salpicaduras del degüello.

En el ranking de responsabilidades también pongo a los jugadores por encima de Quirantes. Porque un futbolista puede ser mejor o peor pero, si careces de calidad, lo mínimo que puedes hacer es poner ganas, garra, empuje. Vamos, esa palabra que empieza por “cojo” y acaba por “nes”. Y en el caso de esta plantilla, ha habido muchos jugadores que ni lo uno ni lo otro. Hay quien utiliza la palabra mercenarios para referirse a ellos, pero en mi opinión no llegan ni a ese nivel porque un mercenario estaba dispuesto a morir por el país que le pagaba. En el fútbol, por fotuna, no es necesario llegar a la sangre, pero a mí me ha faltado sudor. ¿De esa apatía también tiene la culpa Quirantes?

Y así llegamos al final. Este descenso podría servir de purga para el organismo enfermo que se llama FC Cartagena. Sin ir más lejos ayer mismo se ofrecieron en el Teatro Circo muchas ideas que, de ponerse en práctica, serían muy útiles para el renacer del equipo. Ahora sólo falta que el que tiene que escuchar quiera oírlas. Si no, me temo que el “se acabó” con el que empezaba esta columna puede convertirse en un SE ACABÓ pero de verdad.
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