Los Carolina Hurricanes ya mandan en la final de la Conferencia Este. Con un 2-1 a su favor en la eliminatoria, el equipo ha tirado de puro oficio para sumar su segunda victoria consecutiva en el tiempo extra. Superaron a los Montreal Canadiens por 3-2 en el tercer partido de la serie, un choque donde impusieron su ley casi por aplastamiento. El guion de la noche fue un auténtico monólogo de los visitantes: posesión absoluta, control del ritmo y un asedio constante que se tradujo en 38 tiros a puerta frente a los pírricos 12 de los locales.
El éxtasis definitivo se hizo esperar hasta el minuto 14:04 de la prórroga. Aunque en un primer momento el gol del triunfo se le adjudicó a Sebastian Aho, la liga corrigió el acta en pleno postpartido para darle el tanto a Andrei Svechnikov. A Aho, la verdad, el baile de nombres le dio exactamente igual. “Sinceramente, me da lo mismo quién lo meta”, soltaba el finlandés en los micrófonos de la TNT, dejando claro que a estas alturas de la temporada el ego se queda guardado en la taquilla. “Nos llevamos la victoria y punto”.
Antes de ese desenlace en la prórroga, Taylor Hall y Shayne Gostisbehere habían perforado la red para unos Hurricanes que ya lucen un temible balance de 10-1 en esta postemporada y justifican sin despeinarse su cartel de cabezas de serie número uno del Este. “Ha sido, de largo, nuestro mejor partido de la eliminatoria”, remataba Aho valorando el asedio de su equipo. “Insistimos y al final sacamos la recompensa del gol”. Por el lado canadiense, el portero Jakub Dobes hizo lo indecible bajo palos. Sus 35 paradas mantuvieron con un hilo de vida al equipo de casa, que acabó claudicando para frustración de su público. Los zarpazos de Mike Matheson y Lane Hutson sirvieron de muy poco frente a un rival que ahora mismo parece inabordable.
Mientras en Carolina todo son sonrisas y celebraciones sobre el hielo, en el Oeste se respira un ambiente que roza la tragedia deportiva. Los Colorado Avalanche están al borde del abismo en su respectiva final de conferencia contra los Vegas Golden Knights y, para colmo de males, se la juegan este martes en el T-Mobile Arena sin saber si podrán contar con su estrella indiscutible. Un sangrante 3-0 en contra en la eliminatoria al mejor de siete ya pesa como una losa monumental para la franquicia que se llevó el Presidents’ Trophy tras arrasar en la temporada regular (55-16-11, 121 puntos). Ahora, con el agua al cuello tras caer 5-3 en el duelo del domingo, la supervivencia de todo el proyecto pende del estado de la rodilla de Nathan MacKinnon.
El susto que enmudeció a todo Colorado llegó a los 12:15 del segundo periodo de ese tercer encuentro. MacKinnon se fue al suelo tras bloquear con la parte interna de su pierna derecha un auténtico trallazo del defensa Shea Theodore. La imagen congeló el banquillo: el jugador que lidera al equipo en estos playoffs con 15 puntos y siete dianas (tras meter unas salvajes 53 en liga regular) se retorcía de dolor. Consiguió ponerse de rodillas a duras penas para despejar el disco fuera de la zona defensiva, pero volvió a venirse abajo incapaz de apoyar. A trancas y barrancas llegó al banquillo y aguantó un par de turnos antes de enfilar cojeando el túnel de vestuarios. Por si el panorama médico no fuera lo bastante negro, el delantero Valeri Nichushkin también acabó tocado de la parte inferior del cuerpo al final de ese mismo periodo y es duda seria. Todo son frentes abiertos y tiritas para el cuerpo técnico.
“No tengo ninguna novedad concreta; los chicos están con los fisios y toca evaluar paso a paso”, admitía el entrenador Jared Bednar el lunes, abriendo la puerta a que la decisión final sobre su estrella se tome en el mismísimo calentamiento previo al cuarto choque. El técnico no ocultó la crudeza de la situación y reconoció sin tapujos que el impacto del disco fue traumatizante para la articulación. Sin embargo, MacKinnon tiró de una casta tremenda aquella misma noche. Contra todo pronóstico, volvió a saltar a la pista para el tercer periodo y rascó algo más de cuatro minutos repartidos en cuatro turnos, asumiendo galones de mando durante 1:59 en situación de power play.
Bednar se mostraba cauto, pero también profundamente admirado por la ética de trabajo de su jugador franquicia: “Llevo diez años metido aquí y solo he visto a Nate quedarse tirado sin poder levantarse dos veces en su carrera. Una fue en unos playoffs contra San Jose hace un par de años, y la otra fue anoche. Que sea capaz de meterse en manos de los médicos en el intermedio, volver a salir y ayudarnos en superioridad o en situaciones de portería vacía… mira, si eso es todo lo que puede darnos físicamente, lo compro. En mi opinión, un MacKinnon a medio gas sigue siendo mejor que cualquier otra cosa que podamos poner en la pista. Simplemente demuestra el carácter que tiene, su liderazgo y la sed que tiene por ganar”.