El Emirates Stadium ha sido testigo de un vibrante encuentro que ha terminado por desnudar las carencias actuales del conjunto de Anfield. En un partido que prometía ser un termómetro para las aspiraciones de ambos clubes, el Arsenal se impuso por 3-2 en un duelo cargado de alternativas, polémica y tensión hasta el último segundo. Sin embargo, más allá de los tres puntos que se quedan en Londres, el enfrentamiento ha servido para confirmar que el Liverpool de Arne Slot atraviesa un momento delicado, luchando contra sus propios fantasmas y una indefinición táctica que empieza a preocupar seriamente.
Un arranque eléctrico y el intercambio de golpes
El partido no dio tregua ni para sentarse. Apenas había rodado el balón un minuto cuando Gabriel Martinelli encendió la mecha, adelantando a los locales y poniendo cuesta arriba la tarde para los visitantes. Lejos de amilanarse, el Liverpool buscó la reacción, encontrando el empate gracias a Darwin Núñez pasada la media hora de juego. Pero este Arsenal, que respira confianza, volvió a golpear en un momento psicológico clave: Bukayo Saka, en el tiempo añadido de la primera mitad, puso el 2-1 para enviar a los equipos al vestuario con ventaja ‘gunner’.
La segunda parte mantuvo el guion de la incertidumbre. Roberto Firmino, saliendo al rescate, devolvió las tablas al marcador en el minuto 53, sugiriendo que el Liverpool podría rescatar algo positivo de su visita a la capital. No obstante, la fragilidad defensiva y la intensidad del Arsenal terminaron por decantar la balanza.
La sentencia desde los once metros
El punto de inflexión llegó en el minuto 76. Una falta de Thiago Alcántara sobre Gabriel Jesús dentro del área fue sancionada como penalti. Bukayo Saka asumió la responsabilidad y no falló, batiendo al meta con un disparo raso ajustado al palo izquierdo. A partir de ahí, el Liverpool intentó volcarse al ataque con más corazón que cabeza. Los cambios de Slot, dando entrada a Harvey Elliott y Fabinho, buscaron agitar el árbol, pero el Arsenal supo sufrir.
En los compases finales, tanto Elliott como Jordan Henderson probaron fortuna desde fuera del área, encontrándose con una defensa local que rechazó cada intento. El pitido final certificó la derrota y dejó al descubierto las costuras de un equipo que, pese a sus intentos de remontada, carece de la frescura de antaño.
La brújula perdida de Arne Slot
Este resultado no es un accidente aislado, sino el síntoma de una patología mayor. El Liverpool parece haber perdido esa chispa y astucia que le caracterizaban. Olviden aquellos disparos lejanos que se colaban por la escuadra en el último suspiro; el problema actual es estructural. El equipo atraviesa una severa crisis de identidad. ¿Qué representa exactamente el conjunto de Arne Slot? Tras veinte jornadas de liga, la respuesta sigue siendo una incógnita inquietante.
Si bien durante la campaña 2024-25 el equipo mostró un plan claro —basado en la posesión y un control superior al “caos organizado” de la era Klopp—, logrando un equilibrio loable entre ambición ofensiva y solidez atrás, el panorama ha cambiado drásticamente. Desde la costosa reestructuración de la plantilla el pasado verano, las aguas bajan turbias. El equipo se ha vuelto impredecible, capaz de encadenar rachas desastrosas y de mostrarse vulnerable sin balón, como se evidenció hoy en el Emirates.
Entre la precaución y la falta de creatividad
En su afán por hacer al Liverpool un bloque más compacto, el técnico neerlandés ha terminado por construir un equipo difícil de ver para el espectador neutral. Se percibe una aversión al riesgo, un miedo latente que ha mermado la fluidez del juego. El equipo se muestra estático, estrecho y previsible. Aunque Slot ha logrado guiar al equipo de vuelta a la zona alta de la tabla, las sensaciones no acompañan a los resultados.
Incluso tras el reciente empate 2-2 contra el Fulham, que precede a esta derrota, Slot insistió en defender su modelo: “Mi filosofía de fútbol no ha cambiado este año en comparación con todas las temporadas anteriores”, aseguró. “Me encantaría crear cinco veces más ocasiones y no conceder ninguna, pero cuando éramos más abiertos, concedíamos mucho más. Me gustaría jugar con ocho atacantes si fuera posible defensivamente, pero si esos ocho no defienden, es difícil ganar”.
Hoy, ante un Arsenal desatado, esa teoría se ha dado de bruces con la realidad. El Liverpool necesita reencontrarse a sí mismo si quiere aspirar a algo más que simplemente competir, pues la línea entre la solidez defensiva y la inoperancia ofensiva es cada vez más fina.